La activación de la dopamina eleva el gasto energético y reduce el peso corporal.

Investigadores del IDIS describen cómo la activación de la dopamina eleva el gasto energético y reduce el peso corporal. Analizaron el efecto de dos fármacos aprobados para la diabetes tipo II y un tipo de tumor benigno cerebral

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La consecución de un fármaco seguro que —como aliado de una dieta y unas pautas de actividad física saludables— apoye a los clínicos en el tratamiento de la obesidad es, todavía, una carrera no acabada. La investigación no se detiene y en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) han abierto una nueva puerta tras la que seguir explorando al identificar cómo medicamentos indicados en otras patologías que se basan en la activación de la dopamina producen una pérdida de peso.

El trabajo, fruto de la tesis doctoral de Cintia Folgueira, analiza el funcionamiento de dos fármacos con aplicaciones actuales que nada tienen que ver con el adelgazamiento: de un lado, explica la investigadora en conversación con ABC, la bromocriptina, empleada en Estados Unidos como terapia para la diabetes tipo II; de otro, la cabergolina, indicada para reequilibrar los niveles de la hormona prolactina cuando está alterada por efecto de tumores benignos en el cerebro (prolactinomas).

El grupo gallego exploraba en ratones obesos tratados con bromocriptina cómo la activación de un receptor de la dopamina en unas neuronas concretas conducía a una pérdida de peso, sin modificar su ingesta. La razón, el efecto de la dopamina como activadora de la grasa parda, aquella que, según distintas investigaciones anteriores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (en el que participa el IDIS), se ocupa de mantener la temperatura corporal mediante la quema de calorías. Un estudio en marcha en la Clínica Universitaria de Navarra (miembro también del Ciber) con 31 pacientes que estaban siendo tratados contra sus prolactinomas con otro activador de la dopamina (la cabergolina) permitió comprobar en humanos el mismo efecto observado en ratones.

«Hasta la fecha se había visto que la dopamina está involucrada en muchos procesos, tiene relación con el Parkinson, con la regulación de la ansiedad… Con el comer por comer, ese que se hace sin tener hambre, pero no se había visto nada en relación a la pérdida de peso», apunta Folgueira.

Su investigación, coordinada por Rubén Nogueiras y Luisa Seoane y recientemente publicada en «Nature Metabolism», ha encontrado una llave, pero todavía es pronto, advierte, para anticipar su alcance. El estudio actual, indica, no es suficiente ni en diseño ni en tiempo ni en tamaño para descartar efectos indeseados ni avalar por tanto el uso de estos fármacos en el tratamiento del sobrepeso.

El reto de la neurociencia

«El gran reto de la neurociencia —explica la investigadora—es llegar a ser específicos y precisos para poder modificar un gen, una proteína, en unas neuronas concretas y que no haya un efecto que no deseamos en otro tipo de neuronas». En el caso específico de esta investigación, explica, la aplicación del fármaco está justificada para los humanos estudiados por el tratamiento de los prolactinomas, pero su efecto no discrimina entre unas y otras neuronas de dopamina, involucradas en múltiples procesos. Ni en humanos ni en ratones, indica Folgueira, en sus estudios han aparecido efectos secundarios, pero la escasa duración de los mismos —un año en el caso de los pacientes de la Clínica Universitaria de Navarra— impide garantizar que no existan.

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