Los biosimilares curan igual

La prescripción de medicamentos biosimilares aumenta entre un 15-20% en León y son el tratamiento de elección de más de 1.500 pacientes con patologías que van de la colitis ulcerosa al asma o el colesterol.

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Los medicamentos biosimilares toman fuerza para hacer frente a enfermedades crónicas y agudas. El Hospital de León trata con estas terapias a 1.500 personas, entre un 15-20% más que hace un año, para un amplio espectro de enfermedades, que van desde la colitis ulcerosa al asma, el colesterol, reumatología o procesos oncológicos.

Se trata de productos sintetizados de forma biológica y que no son idénticos al medicamento original, al que solo pueden imitar cuando las patentes de este caducan. Su entrada en el sistema de prescripción médica hace una década llegó con polémica. Se cuestionaba su eficacia. Pero actualmente el debate ha cedido y su aceptación se ha normalizado tanto por parte de profesionales como de pacientes.

«Se está generalizando su uso y el interés e impacto de estos medicamentos es cada vez mayor», asegura Luis Ortega, del departamento de Farmacia del Caule. «No es sólo cuestión del hospital, es que los pacientes están más concienciados y motivados», explica.

A Celia Rodríguez le diagnosticaron colitis ulcerosa en 2010. Atravesaba por un problema laboral que acabó con la pérdida del puesto de trabajo. «Me empezaron a poner diferentes tratamientos que no me hacían efecto, lo único que funcionaban eran los corticoides», explica esta paciente leonesa.

Ante el fracaso de las terapias farmacéuticas recetadas inicialmente le plantean la posibilidad de probar con un medicamento biosimilar. Entre el año 2013 y 2018 se pinchaba una vez por semana el Humira. Cada mes recogía las cuatro dosis correspondientes en la farmacia del Hospital de León. En una tarjeta le anotaban todas las recogidas de estas inyecciones que ella misma se ponía en casa: «Son como un rotulador y apenas notas el pinchazo. Son muy cómodas», comenta la mujer.

Con el tiempo, Celia Rodríguez Herreras rehizo su vida laboral al abrir un gabinete psicosocia en León y también dejó de necesitar el tratamiento de Humira. Desde hace un año sólo toma Imurel, un tratamiento convencional. Lo peor fueron los primeros tres años, entre 2010 y 2013. El tratamiento con Remicade, otro fármaco biosimilar, y corticoides no conseguía estabilizar su enfermedad inflamatoria intestinal.

El único problema, para ella menor, han sido los efectos secundarios. «Me dijeron que tendría efectos sobre todo en la piel y me tengo que tratar periódicamente, también me hago una analítica cada cuatro o cinco meses y si tengo el hierro bajo tomo y mejoro», apunta.

Prescindir del Humira ha sido para ella una liberación. «Todos los domingos tenía que pensar en pincharme, aunque no fuera agresivo porque no ves la aguja ni nada, pero es mejor no tener que ponértela», añade.

Más de 300 pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal son tratados actualmente con medicamentos biosimilares en León. Son el 20% del total de personas que afrontan sus enfermedades con estos tratamientos, el grupo más numeroso.

Pero no son los únicos. Personas que padecen artritis, cáncer, enfermedades de la sangre, de la piel o incluso asma y colesterol son tratados cada vez con más frecuencia con estos medicamentos con una formulación igual a la patente original, pero cuyo proceso de producción

Los medicamentos biosimilares tienen un coste de desarrollo muy superior al de los medicamentos genéricos, ya que el proceso es mucho más complejo al tratarse de moléculas grandes (por ejemplo, la hormona del crecimiento o anticuerpos monoclonales).

Además, el sistema de fabricación es muy complejo. «No son métodos químicos sino biotecnológicos», explica Luis Ortega. Biotecnólogos y bioingenieros están al frente de su fabricación.El proceso de aprobación de estos medicamentos por parte de las autoridades sanitarias es el mismo que para los convencionales. La Agencia Europea del Medicamento es, para el caso de España, la autoridad que tiene que dar el visto bueno para su salida al mercado. Sólo pueden fabricarse cuando acaba la patente del medicamento original.

«Son seguros y eficaces. Tan seguros y eficaces como los medicamentos de referencia», recalcó Luis Ortega en la exposición que realizó ante pacientes en el Hospital de León con motivo del Día Mundial de la EII (Enfermedad Inflamatoria Intestinal).

Cuando el médico opta por estos tratamientos tiene que informar al paciente. «Se acepta que el paciente sea consultado y se siga la práctica habitual de cada país o comunidad autónoma», precisó.

Según los datos que se manejan en España, los medicamentos biosimilares, pese a su alto coste, pueden ahorrar al sistema sanitario unos 2.800 millones de euros en 2020. Pero no es sólo el ahorro la ventaja que presentan, el doctor Ortega hace hincapié en que suponen un incentivo para la investigación y mejora de las terapias farmacológicas.

Una diferencia importante que estos medicamentos tienen con los genéricos es que la legislación española y la de otros países europeos no permiten la sustitución de un medicamento de marca-innovador por un biosimilar en la prescripción y dispensación. Por el contrario, es algo que sí se establece como práctica habitual, e incluso obligatoria en algunos casos, con los medicamentos genéricos.

Cuando se comercializa el fármaco biosimilar, el original ya lleva usándose más de 10 años, apunta Luis Ortega.

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