Los rebrotes del coronavirus en China y Corea del Sur evidencian los riesgos de la vuelta a la normalidad

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Sendos brotes del coronavirus en Corea del Sur y China demuestran las dificultades y riesgos de la vuelta a la normalidad tras el control de la epidemia. Aunque ambos países habían acabado con sus contagios locales y solo detectaban casos importados del extranjero, en los últimos día han sufrido un peligroso repunte de infecciones.

Especialmente grave es el caso de Corea del Sur, donde este lunes se ha registrado la mayor subida en un mes con 35 nuevos contagios, cuando la semana pasada eran menos de cinco al día. De ellos, seis son importados y 29 están relacionados con la zona de bares de Itaewon, en Seúl, donde una «noche loca» de un joven de 29 años que luego dio positivo de la enfermedad Covid-19 ha desatado una ola de contagios. Después de que este alternara hace dos fines de semana en cinco bares y clubes abarrotados, se han detectado ya 85 contagiados y se está buscando a miles de clientes que estuvieron en ellos para hacerles las pruebas.

Hasta ahora, el Ayuntamiento de Seúl tiene una lista de 5.500 personas que acudieron a dichos locales desde el 24 de abril hasta el miércoles de la semana pasada, pero solo ha contactado a 2.400. De momento, faltan por localizar más de 3.000, a quienes las autoridades han rogado que aparezcan para someterse al test del coronavirus. «La mayoría de los clientes no están localizables. Si dudáis un solo día, nuestro reloj diario puede detenerse durante un mes. Por favor, contactad con la clínica o centro de salud más cercano», les imploró el primer ministro, Chung Sye-kyun, según informa la agencia estatal de noticias Yonhap.

Con una fuerte concienciación ciudadana y 668.492 pruebas efectuadas desde el 3 de enero, Corea del Sur es uno de los países que mejor ha combatido al coronavirus. A pesar de su cercanía con China y sus estrechos contactos, solo ha registrado 10.909 casos, la mayoría ligados a las misas multitudinarias de una secta cristiana, Shincheonji en la ciudad de Daegu, al sudeste del país. Con 256 fallecidos, su mortalidad también es muy baja, de solo el 2,35 por ciento, y ha conseguido contener la epidemia sin necesidad de paralizar el país ni encerrar en sus casas a sus 51 millones de habitantes, que han seguido yendo al trabajo pero han reducido su vida social. Después de tres meses muy duros de lucha contra el coronavirus, sobre todo desde el estallido en Daegu a mediados de febrero, ya se han curado 9.632 personas, el 88 por ciento de los contagiados.

Gracias a estas pruebas masivas y al rastreo de los móviles y tarjetas de crédito de los contagiados, Corea del Sur dio por controlada la epidemia la semana pasada y ya se prepara para la «nueva normalidad» poscoronavirus. A puerta cerrada, los primeros partidos de fútbol empezaron a jugarse el viernes y el regreso a los colegios e institutos es inminente. Pero el foco en los bares de Itaewon, que amenaza a una megalópolis con diez millones de habitantes como Seúl, puede dar al traste con este éxito. Para no echar por tierra el tremendo esfuerzo de los meses anteriores, las autoridades han ordenado clausurar los locales nocturnos de Itaewon hasta nueva orden.

En una videoconferencia la semana pasada con medios extranjeros, entre ellos ABC, el director general del Centro de Control y Prevención de Corea del Sur, Kwon Jun-wook, ya advirtió de que era imposible terminar con el coronavirus hasta que hubiera una vacuna o medicamentos eficaces. Por eso, abogaba por prepararse y proteger el sistema sanitario para que estos posibles repuntes no lo desbordaran. «Hemos marcado un límite para dominar la situación: si tenemos menos de 50 contagios diarios, y si solo menos del 5 por ciento son de fuentes desconocidas, podremos controlar los rebrotes», anunciaba consciente del riesgo. Lo que no sabia es que, solo unos días antes, ya se había activado la bomba de relojería biológica que ahora amenaza a Seúl.

En China, que está viviendo su mayor repunte desde finales de abril, un nuevo foco también ha obligado a cerrar parcialmente la ciudad de Shulan, en la provincia nororiental de Jilin. Aunque esta ciudad acogió en abril a 300 retornados de Rusia que hicieron la cuarentena por coronavirus, el primer caso detectado es el de una mujer que trabaja en la lavandería de la Policía. Como los contagios han aumentado desde el fin de semana y Jilin es vecina de la provincia de Heilongjiang, en alerta también por casos de coronavirus importados de Rusia, las autoridades han elevado la alarma, cerrando comercios, transportes y servicios públicos. El lunes, Jilin informó de tres casos nuevos, mientras que las vecinas provincias de Heilongjiang y Liaoning informaron de uno cada una. Además, Mongolia Interior detectó siete nuevos casos importados, todos ciudadanos chinos que han regresado de otros países porque las fronteras siguen cerradas a los extranjeros. Y en Wuhan, epicentro de la pandemia, se han detectado también cinco nuevos contagiados en un edificio, el número más alto desde marzo y una muestra más del peligro que entraña la vuelta a la normalidad.

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